quiero que el sol cada mañana
bese mi cuna panteística
y poder seguir mirándome en la Luna.
mis ramos de belleza.
Las rosas amarillas de aquellos que amé tanto:
el hombre que clavaba mis zapatos,quien nos vendía el pan, ajenos al progreso.
Aquel hermano nuestro
cuya hambre asomaba a sus ojos
y el viejecito que hacía
mi corazón hipotenso.
Tambien las rosas rojas de los otros
que incendiaron mis ojos de sonrisas.
Dí a todos que ha muerto
el miembro de mi amor
latiendo en el vacío.
Mi mejor traje lo regalas
a aquella amiga nuestra, fea y triste.
Échate mi pañolón al cuello
y cada tarde pones el disco de mis risas.
Yo voy buscando al Dios que siempre ríe
y voy a ser una amapola
en la siguiente Primavera.
De mi primer libro Voz profunda amarga y dulcísima.


