A MI TÍA CARMELA
Piel de núbil virgen
pelo a la cintura
tú me amabas realmente.
Analfabeta sabia
creías un don de veleidosos dioses
tener una sobrina literata.
Vencías tu timidez
pulsando el timbre de mi casa,
Arreglabas tu peinado
componías tu falda.
elegías las palabras
acercabas el asiento
y ofrecías el primer plato.
la única felicidad
en tu vida descendente
era estar conmigo.
¡Tanta hambre de amor!
Con tu gracia de mujer de pueblo
desafiabas a vecinas
Cada año me obsequiabas
las primeras violetas
nardos y junquillos
crecidos en tiestos de tu patio.
¡Ay, Tía, tú eras el amor!
Yo creí que el amor era
noches ardientes de cama.
Pero eras tú el amor.
Tus violetas nardos y junquillos.
De mi tercer libro Dualidad del Mar y Él






