Crisantemos para el día de mi muerte.
Positiva mía, ahora la inconcreta.
Tercer tercio año cien mil
del joven Planeta.
Crisantemos de enroscados
gusanos metafísicos.
No desentonanla lividez del jazmín y de la luna
ni la lluvia que enturbia las paredes.
Ya llegan a mi tumba mis amigos
trayéndome la lágrima sincera
en cárdenos cálices de hibiscos.
Y también el amor definitivo.
Desciende el epitafio en banderola:
Yacen aquí ¿sesenta? años de poeta.
Descanso en un transformador.
El cementerio.
Yegua sumisa, sin voz ya ni movimiento.
Recién nacida en mil hormigas laborales.
¿Quién sabe si yo vine en las cenizas
bravas que ahogan en el Ganges
Porque supe del insondable eclipse
de la erección del sol de Capricornio
me cantarán los estudiantes en las aulas
por mí tenderán banderas en corrales.
Llorarán porque no viví
las auroras boreales en los Polos.
Me habré ido tenuemente
como la sombra en agua de la gaviota
como libro cerrado para siempre.
Para que en español me lloren los poetas.
Por mi derrumbamiento de baya
perdida en el estiércol.
De mi segundo libro Porque he sobrevivido


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