FRENTE AL MAR
Buen lugar para poeta dichosa y solitaria.
Agua constante las estrellas y la Luna
y lo eterno que tengo yo de ellas.
Mar lleno de gente que embiste
tus olas inalterables.
Gente como un muro contra el Mar
por contenerle.
Solos el Mar y yo.
No tengo nada que hacer
mientras espero la partida
sino mirar al mar constantemente.
También el mar está en su esencia
de leyes peremnemente desplomándose.
Sólo me queda el Mar. Y me conformo.
Porque el mar a pesar de su prepóstera
amenaza nunca me haría daño.
Mar grandioso. Grandiosidad
de pocas cosas ya restantes.
Mar que me aterras.
Furia de olas persiguiéndome.
Luego te aplacas y te rindes.
Burlándote de mí retornas a tí mismo.
Ahora me alejo yo volviéndote la espalda
enhiesta hieráticamente.
Más vuelves a buscarme
Mar dulcísimo.
Enamorado tras de mí corres.
Me envuelves y me besas
me lames con tu espuma
en el lecho de la arena
donde conmigo yaces.
Me regalas de algas y moluscos
de la rústica belleza de la almeja
y de fósiles gráciles.
Mientras el Sol de tí enamorado
mujer dismenorreica y amorosa
rojo en tus aguas se diluye.
Amante sin rival
la Luna se te pone allá en lo alto
todavía no deslúmbrándote
con su total luz de plata
que va desparramándose en tu cielo
hata eclipsarme totalmente.
De mi tercer libro Dualidad del Mar y Él.




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